fanzine Tertuliando (On-line)

Este "blog" é a versão "on-line" da fanzine "Tertuliando", publicada pela Casa Comum das Tertúlias. Aqui serão publicados: artigos de opinião, as conclusões/reflexões das nossas actividades: tertúlias, exposições, concertos, declamação de poesia, comunidades de leitores, cursos livres, apresentação de livros, de revistas, de fanzines... Fundador e Director: Luís Norberto Lourenço. Local: Castelo Branco. Desde 5 de Outubro de 2005. ISSN: 1646-7922 (versão impressa)

quarta-feira, dezembro 10, 2014

NOCHE EN OAXACA: EL RELATO DE UNA ENAMORADA*

Ver texto com fotos e também na sua versão em inglês no blogue da autora, aqui.


Las luces cálidas brillaban en las calles de Oaxaca de Juárez. El atardecer se desenlazó en una escena de blanco y negro. Era mi última noche en Oaxaca y mi pasión de explorar me elevó a una dimensión contemplativa.
Embarque en esta jornada para acudir un sueño que tenía desde niña, para crecer, y recrear mi pasión por el arte y en particular por el lente artístico de ver la vida y todo lo que me rodea. Sabia que estaba ahi, no mas no sabia exactamente lo que era. Todo lo que he descubierto, no lo podría haber concebido sin no haber decidido lanzarme en esta aventura. Esta noche, en una forma mágica, me cautivo, revivió mi amor de arte. 
Tomaba un cortado doble en Café Los Cuilos con un amigo. El lente de mi cámara Canon se situaba en frente de mis ojos y las fotos monocromáticas que capturaba encarnecieron mis sentidos con profundidad.
Saboreaba mi café sentada bajo el marco de la ventana. Descansé mi cabeza contra las barras de metal y miré hacia afuera. Contemplé la plaza, la fuente, la gente alrededor, la charla que llenaba el aire. Las sombras de las barras de la ventana cortaban las caras que pasaban frente a mis ojos. Mi cortado era perfecto.  Azúcar morena bailaba con la cafeína provocando un aroma de placer. No pensaba nada. Probé. Sentí. Dejé que me tomaran fotos. Blanco y negro. Retratos serios. Relaja tu cara. Lo hice. Ojos sonrieron en el reflejo en el lente frente de mí. Fijé la mirada en la eternidad capturada por este arte. La inmortalidad existe.
Era el tres de Noviembre. Recordaba. Mi más reciente memoria de Muertos desvanecía la división de vida y muerte. La noción de lo mortal se agotaba en mi ser. Recuerdo sentirme como una nube en los cielos de Monte Alban, Mitla y Atzompa, cómo formé parte de las tradiciones, ceremonias, y prácticas religiosas de la vida y la muerte en Tlacolula de Matamoros y en la ciudad. Recordé cómo la banda, el son jarocho, el conjunto norteño tomaban turnos tocando en el Panteón General el 31 de Octubre. Cempazuchitl y Cresta de Gallo adornaban las lápidas. Nuestros ancestros vivían esa noche en la luz de las velas, las fragancias, la comida, por medio de la alegria y nostalgia evocada acusticamente.
Viajaba en una longitud de onda mística que la ciudad escondía, una que me encantó—una química sin esfuerzo, un romance. No faltaban las palabras. Solo la mirada fija de mis ojos reflejados en los ojos de mi amante.
Fue un amor juvenil, esta noche—un cierto tipo de ebriedad que me entrelazó con mi alrededor. Noté las sombras de las hendeduras en las calles de cantera; canales escondiendo memorias de todos los que han atravesado su camino. Tal vez ellos también se enamoraron.
Una escena se llevaba acabo en frente de Santo Domingo—la charla de amigos, sombras, carcajeadas, gente enamorada, gente discutiendo de amor, música y arte. “La Llorona” lloraba por medio del acordeón, la letra resonando en mi mente.
Ay de mi, llorona

llorona de azul celeste
y aunque la vida me cueste, 
llorona, no dejaré de quererte

Y aunque lloremos, la alegría de amar nunca cesará de existir. El muchacho tocando el acordión vivía la canción. Grabé el momento en el margen de mi vista. Él sonrió. Parejas que no conocían edad se besaban en frente y detrás de este escenario melódico. Un chavo creaba un dibujo de gis del ex-convento en un papel negro. Se sentaba en la esquina de la banqueta; sus herramientas y otros dibujos al lado de él. Ahí, un retrato de una mujer. Los vendedores de comida, mandaban al aire los olores de tacos, esquite, elotes, hot dogs, hamburguesas y papas a la francesa.
En Café La Nueva Babel tomé; brindando por la vida. En el marco de mi cámara puse los labios que tocaban el micrófono, un testimonio de amor, una construcción lírica infiltrando recuerdos, incluyendo los míos.
Sobre papel

declaro que te extraño
cada amanecer
te haré saber
qué lento corre el tiempo
lejos de tu piel
haré que sepas
de algún modo que te quiero


Las emociones sobrepasan el muro de la vida y la muerte, de pérdida y encuentro, de presencia y ausencia. Sonreí. Celebré el vivir, el compromiso de aquellos que crean una estadía lícita, existencia común, una experiencia compartida de sentimientos—sean los que sean.
Entendí el significado de una persona artística como alguien que tiene una perspectiva creativa de todo aquello que percibe.
Reconocí que yo no sólo observaba, sino que también formé parte de esta estructura armónica. La noche fue también mi noche, como la era de todos aquellos que participaron en la construcción evocativa de emociones. Esta última noche en Oaxaca, me enamoré de los artistas a través del lente de mi cámara, a través de las miradas que penetraban. Nos sumergimos en un inexhaustible momento del tiempo.
Caminaba por las calles de noche; la violencia, el crimen, la injusticia también presentes. Los estudiantes de Ayotzinapa en mis pensamientos. Pasé por una pared con pintura roja que trataba de negar la historia pintada sobre el escrito en la pared, “FALTAN 43.” Tomé parte de una verdad compartida—mediante las sombras, los amores, las penas—de lo que existe palpable a mí; el mundo.
Tengo gratitud por todos aquellos que con su arte, su ser, deciden crearse oportunidades para otros de sentir alegría por vivir, para que tal vez, tal vez, de alguna manera esto prevalezca y se vuelva una revolución de existencia, de una lucha por amor, por ser, para encender la conexión que tenemos unos con otros, empezando con poder vivir una sangre compartida, ya sea dentro de nuestras venas o sangrando, esparciéndose por nuestro mundo.
Yo elijo amar.

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